Acta de bautismo del jesuita Diego de Pantoja

En 2018, con motivo del IV centenario de la muerte del jesuita Diego de Pantoja, se han programado una serie de actos con el objetivo de dar a conocer la vida y obras del primer español que traspasó los infranqueables muros de la Ciudad Prohibida. Nació el 24 de abril de 1571 en Valdemoro y murió el 9 de julio de 1618 en Macao. Fue uno de los colaboradores más cercanos de Mateo Ricci, introductor del cristianismo en China, con el que viajó desde Nankín hasta la corte de Pekín en 1600.

Pantoja contribuyó de manera destacada a la mejora del conocimiento que había en el mundo occidental sobre China y desempeñó un papel importante en el desarrollo de la tecnología y la cartografía chinas.

Ingresó en la Compañía de Jesús en 1589, en la casa profesa de la compañía en Toledo; ciudad en la que entabló una estrecha relación con el superior Luis de Guzmán, que estaba escribiendo la Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en la India Oriental, en la China y Japón. Seguramente allí tuvo acceso al primer libro en español sobre China: Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran reino de la China (1586), de Juan González de Mendoza.

Diego de Pantoja decidió partir hacia China, alentado por el arzobispo Guzmán, que quería obtener más información para completar su obra sobre las misiones.

El 29 de julio de 1597 desembarcó en Macao y, tras dos años en la ciudad, entró de manera clandestina en China con el fin de reunirse con Mateo Ricci en la ciudad de Nankín.

Diego de Pantoja y Mateo Ricci llegaron a Pekín el 24 de enero de 1601. Las ofrendas que llevaban al emperador (entre las que se encontraban un mapamundi, un clavicordio, un grabado del San Lorenzo de El Escorial y dos relojes), actuaron a modo de "salvoconducto", para facilitarles el acceso a la corte imperial, pese a la prohibición oficial que impedía a los extranjeros entrar legalmente en la China Ming. Pasó gran parte de su vida en Pekín.

Tras muchas vicisitudes los jesuitas europeos acabaron fijando su residencia en el sur de la ciudad, desde donde llevaron a cabo una labor de promoción del cristianismo en la región de Pekín.

Ambos misioneros defendieron la política de adaptación, según la cual el cristianismo debía enlazar los modos culturales de otros pueblos. Pantoja se dedicó al estudio de la lengua china y de sus textos clásicos y vestía según las costumbres de los letrados. En 1602 escribió una larga carta al arzobispo Guzmán en la que ofrecía todo un tratado sobre la geografía, la historia, el sistema de gobierno y la cultura de China. Ese escrito llegó a convertirse en una de las más completas descripciones de China escrita por un europeo.

Algunos estudiosos mantienen que sus logros no igualaron a los de Ricci, pero la investigadora Leticia M. Hsing afirma que fue la fama de éste la que hizo quedar a Pantoja desconocido, incluso entre sus propios paisanos. No obstante, gracias al interés de esta erudita consiguió que el Ayuntamiento de Valdemoro organizara un reconocido homenaje para conmemorar el IV Centenario de su nacimiento. En uno de los actos celebrados en aquella ocasión se llegó a decir que "era más conocido en China que en España y que esta conmemoración contribuiría a estrechar las relaciones entre ambas naciones". Asimismo, se puso de manifiesto la trayectoria vital del padre Pantoja y el examen de su magna obra. Además se instalaron dos lápidas conmemorativas: una en el Salón de Plenos del Antiguo Consistorio (hoy desaparecida) y otra en la fachada norte de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

Cuatrocientos años después de su muerte, congresos en China y en España, conciertos y publicaciones científicas contribuirán a difundir el conocimiento sobre un personaje que estableció los primeros puentes entre China y España.