Las tres décadas de historia del cementerio municipal, inaugurado el 7 de agosto de 1996, comienzan con la inhumación de José Reloba Ramírez, conocido por todos como José, el Andaluz. Reloba, cantaor de saetas en las procesiones, había sido trabajador municipal y tuvo, entre sus tareas, la misión de plantar los olivos que circundarían el cementerio en el que aún moran sus restos.