Marco histórico

A lo largo del siglo XIX fueron generalizándose en España la formación de algunas sociedades como los casinos, convertidos desde su origen en lugares de reunión: centros cerrados en torno a un grupo social que se congregaba con la excusa de  unas aficiones culturales o de cualquier otro tipo. Pero el casino no solo llegó a erigirse en una significativa forma de asociación, sino también en un espacio idóneo para el desenvolvimiento de la sociabilidad informal, al albergar un lugar de encuentro, discusión e intercambio de ideas.

Los documentos confirman que en el último cuarto del siglo XIX Valdemoro era un pueblo agradable para vivir, bien comunicado con la capital, tanto por el camino real de Andalucía como por la recién inaugurada vía férrea de Madrid-Aranjuez y con un clima saludable, según opinaban los cronistas de la época. Las aguas que manaban de sus fuentes y pozos eran, por lo general, potables y los campos cultivados de cereales, viñas y olivares satisfacían las necesidades del vecindario. Los 3.000 habitantes con que contaba el municipio a finales del siglo se incrementaban cada año notablemente con la llegada de la colonia veraniega, formada por personalidades de la burguesía y la aristocracia madrileña que habían elegido Valdemoro como lugar de descanso estival. Las relaciones entre ambos grupos siempre fueron cordiales y a pesar del carácter estacional de residencia de los foráneos se integraron sin dificultad en las actividades cotidianas de sus vecinos permanentes. Quizá esta sintonía fuera debida al temperamento de los nativos, que, a tenor de las crónicas, era noble, hospitalario, pacífico y comunicativo; en sus diversiones preferían la música y el baile, dando prueba de ello sus bien coordinadas orquestas de guitarras y bandurrias. También gustaban de reunirse en las tertulias organizadas en los diferentes casinos diseminados por el casco urbano: El círculo del progreso, La flor, El recreo, El círculo de la unión y El círculo de la amistad, fundado en 1892. Este disponía de salones de baile y billar, a cuyo cuidado y limpieza se encontraba un conserje, Antonio Quesada, que podría utilizar el local como horchatería, a excepción de los días de baile o reunión. Entre las actividades que tenían lugar en dicho casino se encontraba el billar y los juegos de naipes aunque, en ocasiones, programaron conciertos para aumentar sus ingresos. En febrero de 1898 se reunió la junta directiva para elaborar y aprobar un reglamento al que añadieron la lista general de socios entre los que se encontraban: Marcelino Benito, el médico Anastasio de la Calle Hernández, Eloy López de Lerena y Lara, Nicolás Fernández Gómez, Emilio Cánovas del Castillo (hermano de Antonio, presidente del Consejo de Ministros); asimismo existía una categoría específica, derivada del carácter vacacional que tenía la localidad en los meses de verano: los "socios de temporada". En el artículo 1º apuntaban la exposición de motivos: "La sociedad "Círculo de la Amistad de Valdemoro" es una asociación que se propone conseguir con la reunión de las personas asociadas, las distracciones y recreos que proporciona la buena sociedad, los juegos permitidos por las leyes y la lectura de libros, revistas y periódicos". En la junta de 1920 entre otros acuerdos se adoptó que los periódicos diarios se guardasen que se vendieran mensual o trimestralmente y su importe se dedicase a encuadernar semestralmente los periódicos ilustrados y formar una biblioteca para recreo de los socios (en este acta también aparecen como asistentes Eusebio Blanco, Pedro Palacios y Gaspar Figueras). En 1922 el presidente es Eusebio Blanco Otero y el secretario Joaquín Palacios Moya.

En definitiva, el casino de Valdemoro o Círculo de la Amistad, recogió los principales fundamentos de los establecimientos de la época: satisfacer la demanda de ocio de una determinada élite, mediante la lectura (gracias a la suscripción a diferentes periódicos y revistas), el juego, el billar –que gozaba de una consideración especial- y el baile, que se convertía ocasionalmente en un verdadero acontecimiento social, puesto que acudían preferentemente los familiares de los socios y era la ocasión idónea para que la asociación diera acceso a un mayor número de personas. También representaba la oportunidad única para que pudieran entrar las mujeres, a las que sólo se les abría las puertas en estas ocasiones.

El Círculo de la Amistad estaba ubicado en la plaza de la Constitución, nº 6.

BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA:

GRUPO DE ESTUDIOS DE ASOCIACIONISMO Y SOCIABILIDAD: España en sociedad: las asociaciones a finales del siglo XIX, Cuenca: ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1998.

VILLENA ESPINOSA, Rafael y LÓPEZ VILLAVERDE, Ángel Luis: "Espacio privado, dimensión pública: hacia una caracterización del casino en la España contemporánea", en Hispania (2003), LXIII/2, nº 214, pp. 443-466.